En lo que estamos

En el contexto en el que nos encontramos al escribir esto, notamos que las relaciones espacio afectivas, las ausencias y las maneras de participación han cambiado a partir del confinamiento de lo presencial a lo virtual.  Las dificultades en un aula, en lo presencial son diferentes que en lo virtual pero tienen un paralelo, hay una simulación de una participación y observamos que existe una repetición de patrones de comportamiento que se traslada de lo presencial a lo virtual.  La adaptación de otros lenguajes a lo educativo nos ha obligado a buscar que es lo que ofrecen los medios digitales y nos ha orillado a pensar cómo queremos abordarlos. 

Nos dimos a la tarea de hacernos conscientes  de la otredad respecto a un espacio en construcción como lo es el aula virtual  que permeó  la construcción de proyectos y que nos obligó a generar un lenguaje en específico. Ante estas circunstancias es que pensamos la pedagogía desde el aula virtual preguntándonos a qué nos enfrentamos cuando nos trasladamos a ella.

Una de las primeras tareas fue entender las dinámicas virtuales como necesarias y obligatorias de ahí que decidimos construir los espacios afectivos desde lo virtual emulando lo que hacíamos en lo presencial y ahora entendemos que desde lo virtual también se construye el aula por medio de las herramientas que nos brindan un abanico más amplio en la forma de compartir saberes.

Frente a este reto educativo, recordamos la visión del profesor democráticos de bell hooks, que parte de la idea de que no solo es un salón de clases, sino es un espacio de revisión de la escuela a partir de nuestro mundo real. Desde el concepto de educador democráticos nos hemos acercado al concepto de educador popular, buscando aprender de la diversidad para compartir saberes que nos sirvan para resolver problemas del cotidiano.  Como bell hooks, nosotrxs queremos construir actos de aprendizaje que generen satisfacción por medio de la confianza, justicia, apertura y la escucha, entendiendo  a  la justicia y el respeto como relaciones afectivas recíprocas y cotidianas en el aula y fuera de ella. Nos es importante no forzar a nuetrxs estudiantes a sostener teorías y conceptos fijos,  sino que entren a un proceso de cuestionamientos sin temor a errar y que se permitan tener incertidumbre. Este trabajo de incertidumbre se hace en la comunidad educativa y nos interesa debido a que todo esto genera procesos de alteración educativa. 

Pensar el aprendizaje como forma y no como medio de liberación, provoca miedo, pérdida de interés, deserción, bajas y desánimo de lxs alumnxs, lo que limita la construcción de una comunidad de aprendizaje que valora la completud y que teje un espacio de cercanía. El no poder construir comunidad levanta un muro que no permite ver que existen formas de resistencia ante la educación hegemónica que tiene dinámicas violentas. Desde todo lo anterior, es que hemos tejido el concepto de pedagogías amorosas, en donde creemos que la afectividad e honestidad no aniquila la diferencia, sino que representa posibilidades y elecciones educativas ya que sin importar el espacio, seguimos estudiando, aprendiendo y compartiendo saberes.

Por medio de las pedagogías amorosas, hemos encontrado una oportunidad que no habíamos  imaginado,  en su combinación con lo virtual nuestras prácticas han cambiado debido a que se construye una comunidad pedagógica  diferente a partir de los acuerdos entre docentes, estudiantes-adjuntxs y estudiantes. Hemos explorado con herramientas como hashtags, TikToks, FaceBook, Instagram, Classroom, Miro, WhatsApp, Meet, Zoom hasta llegar a materiales construidos por nosotrxs a partir de las necesidades de nuestra comunidad, como el videozine, audiozine, zines, carteles, texto colectivo, jamboard, exposición en Instagram, aulas compartidas con otrxs colegas del mundo y demás acciones en el aula.

Nosotrxs entendemos la educación como un espacio en el que se puede construir el pensamiento crítico, que es una forma de liberación de la educación para enfrentar las educaciones jerárquicas y lo que no es relevante para la vida fuera de la universidad. Pretendemos llegar a entender que lo que nos da es una profesionalización responsable y que parte del  compromiso social desde elecciones y capacidades académicas propias. 

En el Mitote entendemos la profesionalización como lo que posibilita el desempeño con calidad de la profesión en el contexto social o, en términos más sentipensantes, es el desempeño con compromiso, responsabilidad y amor por lo que se hace para beneficio de una comunidad o constructo social. Se fomenta durante la formación académica y es parte fundamental, para su vínculo inmediato con el contexto en la práctica profesional. Es decir, propiciar el encuentro, la retroalimentación y el saber, para que sea posible la interacción con otras voces que busquen incidir en el mismo contexto, más allá de sólo hacer por cumplir o cubrir una cuota. Es el reconocimiento del valor de lo que se hace.

La profesionalización es el resultado de un proceso de aprendizaje y puesta en marcha de diferentes habilidades, conocimientos, enunciaciones y herramientas que permiten articular narrativas construidas dialógicamente entre la disciplina y el contexto en el que se vive y que además generan un bien vivir.


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